Mientras exista el reto de mejorar la calidad de la educación, habrá para la institución educativa y para quienes la integran múltiples interrogantes sobre la forma de brindar mejores oportunidades de aprendizaje a los niños a partir de la readecuación de los saberes mediante la construcción de comunidades académicas, en donde el compartir, la experiencia de practicas pedagógicas nos de la fortaleza para reinventarnos como colectivo y cumplir la verdadera función social de la escuela.
Aunque no podemos ser ajenos a la crisis económica, si debemos ser creativos en el aprovechamiento de los recursos con que cuenta la institución (salones, grabadora, libros, cuentos, televisor, VHS, juegos didácticos) para que mediante un uso racional, brindemos a los niños la posibilidad de buscar el conocimiento de manera agradable, acrecentando su seguridad personal, su solidaridad y el compromiso de aprender a convivir pacíficamente, haciendo uso de la comunicación respetuosa, inteligente y significativa.
Para los docentes no es secreto que los mayores problemas de sus estudiantes radican en la dificultad para hacer un manejo adecuado de las habilidades comunicativas (hablar, escuchar, leer, escribir, proponer y argumentar) y por tanto su acción cotidiana centra su interés en fortalecer estas debilidades, pero desafortunadamente la monotonía y el individualismo niega la posibilidad de alcanzar logros esperados.
A partir de esta reflexión surge en
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